Hace un tiempo, podría decir que desde que empecé a leer más, me convertí, me transfiguré, en una persona que tiende a escuchar y analizar todo el tiempo a las personas. Lo que más me gusta de escuchar es notar que las personas se sienten especialmente bien cuando el otro permanece en total silencio, en mi caso, haciendo gestos de sorpresa o de inconformidad según corresponda.
Ahora, voy a hablar de el elemento más seductor de la escucha, la narrativa. Ese género literario que al parecer todos usamos en algún momento cuando contamos o leemos una historia de algo que nos aconteció (aunque puede ser inventada). La narrativa nos permite en nuestras historias, contadas en una simple conversación, incluir elementos como las emociones, las metáforas y hasta detalles sobre los personajes involucrados. Escuchar a alguien es tener la oportunidad de poseer un relato - con el permiso del hablante, por supuesto. -
Aquí un ejemplo de algo que me contaron hace un tiempo y lo utilicé para narrarlo a manera de cuento:
Llevábamos
más de dos días despiertos, ya no sabíamos qué hora era y mucho menos en qué
día de la semana estábamos. Nos encontrábamos sentados en alguna acera de la 33
tratando de conseguir algo de aire fresco, pero todos sabíamos que en la ciudad
no íbamos a encontrar tal cosa. Empezó a lloviznar un poco y el agua ya tenía
un olor amargo. En busca del tal aire fresco y, por supuesto, un lugar donde
recostar nuestras cabezas cansadas y despeinadas, Jimmy sacó un mapa del
estuche de la guitarra: “subamos al valle de los hongos, a 5km del parque Arví.
Hay una vista preciosa, puro psilocybe.” Yo no tenía idea de hongos, pero el
contacto con la naturaleza y en vista de que se nos acababan las provisiones
que nos mantenían despiertos y sin hambre, decidí emprender el viaje con Jimmy y
otros cuatro, tres amigas y Dante. Caminamos desde la 33 hasta la calle córdoba,
cerca del pequeño teatro, ahí entre la carrera 52 y la 50 parqueaban los buses
que se dirigen al parque Arví. Eran las 7:20 am, tomamos todos el segundo bus
con las pocas moneditas que nos quedaban. En el viaje me senté junto a Mary
Lou, que tenía este nombre pues porque de bautizo fue Mariana, pero siempre que
andaba con nosotros traía unos parlantes con las canciones de Lou Reed en él.
Así que mi viaje fue una combinación de rayones con lapicero en el blue Jean
que me hacía Mary Lou mientras escuchábamos Walk on the Wild side de Reed. La
carretera parecía una serpiente que nos lanzaba lejos con cada curva, el mareo
se me colgaba de la garganta como un mico; cuando miré a mi lado Dante y Jimmy
se encontraban en una especie de trance, de cierta manera adormecidos y apenas
se les notaba la parte blanca de los ojos mientras hablaban de la dosis de
hongos que necesitábamos y de lo que íbamos a comer después. Cuando llegamos al
parque Arví, caminamos entre árboles y colinas los 5km exactos marcando dizque
puntos de referencia, qué puntos de referencia íbamos a marcar si todos nos encontrábamos
con la mitad del cuerpo inerte y el alma ausente, necesitábamos algo más. Mariana
escuchaba Berlin de Reed y todos cantábamos: “ you could hear the guitars play,
It was very nice, it was paradise.” Cuando
llegamos, Jimmy nos enseñó que hongos tomar y resultó que Lu, una de las
chicas, tenía familia en Santa Helena y tenían una propiedad, una finca
totalmente vacía que solo visitaban en diciembre con toda la familia reunida.
Subimos hasta donde vivían los familiares, pedimos las llaves y entramos con
pasos laxos, ya arrastrando los pies como si dejáramos pedacitos de lo que nos
quedaba de cuerpo en cada paso. Descargamos los morrales, Dante y Jimmy lavaban
los hongos mientras Mariana me contaba que Berlín era un álbum tristísimo: “te
lo juro, Pipe, es la historia de dos heroinómanos y su vida en Berlín. Al final
la chica muere, tristísimo, te deja con huecos en el alma si lo escuchas…” Llegaron Jimmy y Dante con los hongos, en un
plato, ya listos, empezamos a comer. Pasaron varias horas, acabamos con todo lo
que teníamos, jeringas, coca, cigarrillos. Ya eran las 8:30 pm. Encontramos una
gallina y con unas papas que cogimos por ahí hicimos un sancocho, ya teníamos
hambre. Estábamos todos tan bajos de
nota que no quisimos hablar más. Jimmy en medio de su desespero sacó cacao
sabanero y comió tres de esos, era la primera vez que los probaba. Nosotros
solo lo observábamos en silencio, a los pocos minutos todos vimos como las
montañas cobraban un color bellísimo y se desplegaba hacía nosotros para
acariciarnos con todo lo que habitaba en ella. Todos empezamos a llorar, nos
tomamos de las manos y lloramos de manera inconsolable. Al día siguiente, todos
buscamos con furia la llegada a casa. Estábamos cansados de sentirnos tan
imparables, tan en el fondo, tan cansados sin poder descansar, tan abandonados…Luego
vendrían más días como este.
Habían
pasado unas dos semanas desde ese día y la mamá de Jimmy estaba llamando y
contactando a todos los que estábamos con él ese día:
-
Aló ¿Felipe?- Preguntó ella con tono desesperado.
-Sí,
con él habla- respondí yo.
-Felipe,
soy la mamá de Jimmy, necesito que me digan que hicieron hace dos semanas;
ustedes se perdieron casi cuatro días y Jimmy está haciendo cosas muy raras-
Dijo ella, ya con un tono inquisitivo.
- No
hicimos nada grave ¿por qué? ¿Qué está haciendo Jimmy?- Respondí yo, no podía
hundir a Jimmy en caso de que fuera un ataque de maternidad repentino.
-Desde
ese día que él llegó a la casa, todos los días me dice que le traiga una
gallina, que él tiene que hacer un sancocho, que la finca está brutal, que el viaje
está brutal ¿Me entiende? Todos los días dice lo mismo, hace un sancocho y
luego duerme…- Dijo ella con la voz quebrada, parecía que estaba llorando.
- él
comió cacao Sabanero, señora- Colgué el teléfono.
Mariana
se enteró y vino a mi casa; cocinó algo de heroína, lloró y luego se inyectó
mientras escuchaba Perfect Day de Lou Reed, ambos teníamos en nuestra mente lo
bien que estaba Jimmy ese día mientras en nuestra mente sonaba como eco: “…Just
a perfect day, problems all left alone. Weekenders
on our own…it’s such fun. Just a perfect day; you make me forget myself. I
thought I was someone else…someone good…” Jimmy nunca se recuperó.