Nos dicen todo el tiempo que la única manera de sacar todo lo que nos pueda estar atormentando es hablando. Quisiera lanzar una pregunta que me ha estado curtiendo los huesos por así decirlo: ¿Qué pasa cuando no hay nadie que pueda escuchar aquello que nos atormenta? Muchas veces lo único que necesitamos es la voz de alguien, un ser presente, que nos diga que todo va a estar bien, que la vida tiene una luz inacabable por más tenue que parezca. ¿Qué pasa cuando eres tú quien está para decirle eso a las personas que amas pero ellos no están para ti? con esta decepción adviene una sensación de melancolía y soledad inevitable. Uno puede tener el coraje de meterse en el mismo infierno para tenderle la mano al ser amado, pero este tiene la capacidad de marcharse con demasiada simpleza. Cuando no tenemos a nadie que escuche las tormentas que tenemos guardadas en los bolsillos y se atreva a aceptar el reto de querernos más, sabemos que ya no hay nada que decir.
¿Para que hablar? ¿para que hacer uso de los signos si lo que hay en el alma sobrepasa nuestra realidad?
Nada que decir, no hay nada más que decir.
Deberías ser tormenta.
Deberías ser tormenta,
amor mío, porque el frío es el presagio de tu ausencia. Impredecible, gélido,
temible. Sin piedad para aquella que cubre su rostro con la esperanza de no
sentir tan devastador viento.
Deberías transfigurarte
en la tormenta a la que te asemejas tanto, de esta manera podría sentirte una
vez cada tanto. Podría ver las nubes grises sobre mí y saber que te acercas con
pasos sutiles como las gotas de lluvia. Podría mostrarte mis dientes amarillos
como una burla al sin sentido que me ha dejado tu ausencia.
Si fueras tormenta, si
alcanzaras tal precisión con tu existencia, amaría sentarme en los parques que
fueron fieles a nuestras largas conversaciones y esperaría el momento en que
con la tempestad, se desvanecieran todas las cenizas en las que me he
convertido.
Sin duda, éste ha sido un poema atormentador. Me incomoda, me turba, ¿por qué? a decir verdad, no sé. Realmente convertir las tormentas en un reconocimiento de ausencia es un acto de libertad, independientemente del tipo de tormenta que nos afecte. El video me dejó pensando en "[...] me abrazo a tus ausencias que me asisten".
ResponderEliminarTormentas, tormentas, tormentas que llegan a mi pensamiento, cuando más quiero que huyan es cuando son quizá, las razones más necesarias para vivir.
Con respecto a la forma, debo resaltar que no tiras al vacío lo que escribes, pues hay un trasfondo de ello; le das un sentido muy profundo por medio del video y con ¿Qué decir cuando no hay nada que decir? Desde mi punto de vista, eso hubiera podido ser otra entrada, pero es lo que caracteriza tu blog, todas las entradas tienen ese plus que explica el por qué escribes lo que escribes.
Por último, en la línea tres del párrafo uno hace falta una coma después de la palabra "huesos".